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“¿Qué le pongo?”, “un buen vino”
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“¿Qué le pongo?”, “un buen vino”

Ricardo Alcon

Un año más, esa gran cuadrilla que somos los del gran consumo nos reunimos para hacer sector, para ver las últimas tendencias, comentar las noticias más recientes y, entre tanto, algún chascarrillo que otro. Quizás nos falte algo de tiempo para el txikiteo, esa gran tradición de aquí de tomar txikitos o potes o pequeños vasos de vino, como queramos llamarlos, y así hacer la ronda por el mayor número de bares posible.

Estamos en el Congreso AECOC, en Bilbao nada menos. Así que, txikito en mano y en plena ronda, no puedo perder la oportunidad de contar qué le está pasando al vino y su comportamiento en el mercado. Y es verdad que vemos al mercado hacer alguna “ese”, pues cae en litros consumidos en el año cerrado a julio, pero crece en gasto.

Así pues, los vinos con denominación de origen alcanzaron un total de 390 millones de euros en el último año, creciendo un 2,2% en valor pero cayendo un 1,8% en volumen. Y es que los españoles estamos bebiendo mejor, pero la población no crece y en la cuadrilla somos los mismos para beber, luego el mercado no tiene quien le impulse en volumen.

Continúa por tanto la revalorización en el consumo de vinos de calidad en España, muy en la línea de otros muchos sectores, ya sean de bebidas o de alimentación donde el famoso “valor añadido” se está añadiendo a la cesta o a la comanda del consumidor.

Precisamente, si nos damos cuenta, en torno al vino siempre hay una dicotomía o dilema. ¿Tinto o blanco? ¿Ribera o Rioja? Cuántas preguntas así el consumidor se ve obligado a responder, aunque sea con un “sugiéreme por favor”. Y esa dicotomía la tenemos por canales también. ¿Bebemos en casa o fuera? ¿A la cesta o a la comanda? La respuesta: en los dos sitios. La mitad del mercado de vino con DO está en el canal horeca y la otra mitad en alimentación.

Y en ambos sitios cada vez tenemos más y mejor para elegir. La variedad de vinos con DO es cada vez mayor. Si nos vamos a un restaurante o un hotel, nos encontraremos en la carta con hasta una decena de denominaciones diferentes, llegando a una media de casi 30 marcas distintas. Y en alimentación, siempre menos limitada físicamente que la hostelería, se pueden superar fácilmente las 24 denominaciones y las 100 marcas.

Así pues, estamos ante un producto con cada vez mayor complejidad, a la par que atractivo. Por tanto, la información es vital y la prescripción de los profesionales cada vez es más necesaria. Trabajar la comunicación es pues la línea que permitirá seguir creciendo al sector. Y por comunicación no me refiero a la nota de cata, sino a hacer más sencilla la toma de decisión.

Beberemos aún mejor…